“Es mejor morir por una idea que vale la pena vivir, que vivir por una idea que no vale la pena morir” (Steve Biko)

jueves, 23 de febrero de 2012

LA COSECHA DE LA MUERTE

EL GLIFOSATO CONTAMINA EL PAIS

Las fumigaciones con agrotóxicos en los campos argentinos están envenenando a gran parte de la población. Los tipos de cáncer y las enfermedades que generan. La increíble historia de Estanislao, el nene empapado de plaguicidas. Las zonas más perjudicadas y las amenazas de los sojeros. Testimonios desgarradores.

Por Alvaro Saez

ASI ENVENENAN:

 “El 19 de enero de 2009 empezó el calvario: fue bajar al infierno ocho meses” Estaba jugando, lo fumigaron con agrotóxicos y quedó internado con leucemia.

En febrero de 2008 Estanislao Milesi tenía dos años y se encontraba entretenido con sus juguetes junto a la pileta de su casa, ubicada en un campo a las afueras de Mercedes, provincia de Buenos Aires. Ni él ni sus padres imaginaron lo que pasaría después de aquel verano en donde todo marchaba bien. Un avión cargado con agrotóxicos estaba fumigando en la zona y pasó muy cerca de su vivienda, casi tocando las plantas del jardín. Al sentir los ruidos, su padre José, que estaba vestido con una camisa y jeans, salió a ver qué sucedía. Vio que la aeronave seguía largando los tóxicos con que se fumiga la mayoría de los campos argentinos. La lluvia de insecticidas bañó a su hijo Estanislao. Lo mismo le pasó a él ya que sintió su camisa mojada. “Le grité a mi mujer: ‘Entrá al nene que están fumigando’”, recuerda José.

En agosto de ese año las cosas se complicaron. Estanislao, que ya había empezado el jardín con
tres años, comenzó a sufrir permanentemente resfríos, gripes y fiebre. “Pasaba más días en casa enfermo que en el jardín. Terminaron las clases y con mi mujer decidimos mandarlo a la colonia de verano, pero todo empeoró”, explica con tristeza José. Estanislao padecía conjuntivitis, otitis y más fiebre hasta que un día le aparecieron manchas en la piel. Entonces la familia volvió a consultar al médico, quien lo derivó al Hospital Garrahan, donde le diagnosticaron leucemia. “Todo pasó el 19 de enero de 2009, una fecha que no voy a olvidar jamás –suspira José y se emociona-. Ahí empezó el calvario. Fue bajar al infierno durante ocho meses con una quimioterapia muy masiva. Pero había que hacerla, si no se moría”.
Durante el periodo de quimioterapia Estanislao estuvo al borde de la muerte en cuatro oportunidades, aunque logró salir adelante. En septiembre de 2009 le dieron el alta.
“Hay tipos que se encargan de fumigarte a tu hijo, pero otros te dan todo para salvártelo, como pasó con los especialistas del Garrahan.

Hemos llegado con el chico a cualquier hora y me lo sacaron adelante”, agradece el padre.
Cuando José y su mujer Silvina llegaron al hospital, los médicos le preguntaron por su historia
clínica ya que querían saber si algún familiar había tenido antecedentes de la enfermedad
que azotaba a su hijo. Pero no era el caso. Entonces le realizaron una serie de estudios
y, al no encontrar nada, el médico les preguntó si vivían en una zona donde se generaban radiaciones o en un lugar donde los factores ambientales hubieran podido provocar
la enfermedad de su hijo. José se acordó de ese día cuando la avioneta pasó y roció a su hijo con tóxicos. 

Cuando Estanislao terminó con el tratamiento de quimioterapia volvió a salir a jugar al campo donde vive junto a sus perros, pero la pesadilla se repitió. “Estaba todavía peladito, flaquito, aunque feliz, con nosotros y jugando con sus animales. Pero de pronto vi otro avión fumigador.
Me enloquecí. Pensé en ir a buscar una escopeta y dispararle hasta bajarlo, pero por suerte no
volvió a pasar. Si lo hacía lo iba a matar porque no hay una ley que nos respalde. Sé que hubiera ido preso, pero nadie defiende a mi hijo”, dice con impotencia José que luego de un tiempo conoció a la abogada Graciela Gómez, una letrada que desde hace años se dedica a denunciar los casos de contaminación y de personas enfermas a causa de los agrotóxicos que usan para fumigar los campos.

Estanislao hoy tiene cinco años, se está recuperando y se prevé que en 2015 le den el alta definitiva.Sin embargo, no es el único caso en Argentina: la historia se repite en miles de veces. 

Los tipos de cáncer y las enfermedades que generan.

En un partido que algunos dirían que se hizo en el infierno, dos de los principales productores de agroquímicos se han unido en una asociación para volver a introducir el uso del herbicida 2, 4-D, el tristemente célebre defoliante agente naranja, utilizado en la guerra de Vietnam”, publicó el Huffington Post de Nueva York el pasado viernes 17 de febrero en relación a la unión comercial entre la empresa Monsanto y Dow AgroSciences para volver a sacar al mercado un herbicida para acabar con las plagas resistentes que el Roundup no puede matar.

El uso de 2, 4 -D está prohibido en varios países europeos y provincias de Canadá.
La sustancia es un carcinógeno y se ha demostrado su incidencia en defectos congénitos
en los hijos de los aplicadores de pesticidas en un estudio realizado por la Universidad de Minnesota por el patólogo Vicente Garry. Además puede ser un factor de riesgo para enfermedades como el linfoma no Hodgkin, algo normal en los veteranos de Vietnam expuestos al agente naranja.

Esta sustancia se utilizó en los Estados Unidos para fines agrícolas en los años 40 y para la guerra química en Vietnam a partir de la década del 60 hasta 1971.
Aproximadamente 11 millones de litros de agente naranja fueron arrojados sobre Vietnam
entre 1962 y 1970, y se estima que es responsable de 400 mil muer tes, tres millones
de víctimas de cáncer y 500 mil niños que nacen con malformaciones.
Hoy el pasado vuelve al presente con un fin comercial pero a la vez fatal.(Ver más: 
Regresión del agronegocio o el síndrome de Vietnam.)

Prohíben fumigar en Areco

Los vecinos de San Antonio de Areco, distante a 60 kilómetros de Capital Federal, venían denunciando desde el 2000 a varias empresas cerealeras de la zona. Juan Carlos Villar fue uno de los que más luchó durante estos años para que parasen de fumigar.

Algo consiguió, ya que el jueves 16 de febrero, en un encuentro de intendentes de la provincia de Buenos Aires en el Concejo Deliberantes de Areco, jefe municipal Francisco Durañona, para sorpresa de todos, anunció que prohibirá la fumigación aérea en el distrito. Un día antes del anuncio se había comunicado con los vecinos para saber de la situación del lugar, donde se registraron numerosos casos de enfermedades y contaminación. Ahora los habitantes
se mostraron conformes por la decisión del intendente, aunque seguirán de cerca el tema como lo vienen haciendo desde hace años.

El polo tóxico

Sin embargo, las provincias de Buenos Aires y Córdoba, a pesar de tener un grado importante de contaminación ambiental y de personas enfermas por los químicos, no son las más afectadas. Según la doctora Graciela Gómez, abogada encargada de llevar los casos de enfermos más resonantes del país a causa de la fumigación de agrotóxicos, la provincia de Santa Fe es la más complicada en cuanto a la intoxicación. “El gobierno es funcional a esto ya que vive de la soja y no hay ningún tipo de control.

La sociedad cree que va a perder las fuentes de trabajo si reclama, pero no es así. Desde el 2004 estamos pidiendo una reforma de la ley provincial. Tienen el ‘monocultivo mental’ porque no entienden.
Lo he escuchado al gobernador en varias ocasiones, pero no quiere hacer nada”, explica la letrada.

La explotación agroindustrial

Según los datos recogidos por “Democracia”, se empezó a fumigar con agrotóxicos en los años 1996 y 2000. Esta práctica se fue profundizando a partir del 2004, en pleno boom sojero, cuando también las exportaciones crecieron estrepitosamente, lo cual trae aparejado que la problemática de las fumigaciones con insecticidas tome carácter internacional. La abogada Graciela Gómez envió un informe detallando cómo puede afectar a las poblaciones el consumo de soja contaminada que se importa otros países. La carta, enviada al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al Parlamento Europeo y al Alto Comisionado de Derechos Humanos, pone de manifiesto la gravedad de la situación.

Los expertos consultados por este semanario afirman que se pueden utilizar otros medios de producción sin aplicar agrotóxicos, los que generarían las mismas fuentes de ingreso
para el campo. Sin embargo, creen que detrás de todo están las empresas que fabrican los productos tóxicos, las cuales facturan millones de pesos mensualmente. Por el momento
el país seguirá envenenado y causando los estragos que se suceden hasta la actualidad.
  
Fuente: Semanario Democracia (páginas 18 a 22)






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